4 de enero de 2013

A LA QUE LOS LOCOS LLAMAN...

Ahí estabas tú,
cabeceando y apoyada en mi hombro,
mientras tus labios zigzagueaban recelosos,
que si alguna vez me sentí Dios,
fue porque tú me lo decías,
y ahora que no lo haces,
y ahora que no te acurrucas en mí,
de tu perfección a mi olvido, a mi perdición.

El sosiego de tu sonrisa,
contrastando con mis idas y venidas,
y mis cuatro ideas
que se esconden como putas
debajo de estos tristes ojos de telón alicaído.

Que ya no me sale el llamarte,
mi garganta no tiene fuerza
y a los cimientos de mi corazón no les interesa mantener esta estructura,
a la que los locos llaman amor.

(Óscar Díaz Ustáriz. Ciañu. 4º ESO)

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