9 de octubre de 2013

Mi cuerpo
ya no es apetecible
para ninguna mujer
que conozco (ni siquiera
para mi esposa).

En la calle
es mucho peor: ni desnudo
sobresaldría un centímetro
del gris de las aceras.

He de acostumbrarme
de una vez
a formar parte
del mobiliario urbano
sin esperanza
a que alguna adolescente
pinte con spray
un te amo
en la pared
de mi pecho.


(Jorge M Molinero)

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