26 de mayo de 2014

MADRUGAR en lunes,

caminar por la calle cuando todavía no están puestas las farolas,
es sentirse apenas un bostezo deslizándose sobre el cemento.
Más tarde, a la hora en que se sacuden las alfombras 
los sueños y los miedos,
seré una más en el desorden legañoso
de las gentes que empiezan la semana
empujadas por inercia de siglos y anhelos.
Ahora no, ahora soy un espectro
que pinta de niebla los pasos de cebra,
riega las calles con ojos cansados
y se diluye, etérea, en un mudo eco.

(Elvira Laruelo)

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