10 de septiembre de 2013

MADUREZ

Quedaron chicos
los miedos que inventamos,
la vida se encarga
de recordárnoslo,
implacable.
Las utopías se perpetúan
en su dulce, amarga condición
de lo inasible
y la dicha coquetea con nosotros
lo justo para ir tirando.
La inocencia
quedó para siempre
en un columpio
que se balancea
vacío.
Soñemos, alma,
soñemos.


(Elvira Laruelo)

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